En Twitter te encuentras en medio de una conversación global, en Whatsapp los mensajes van dirigidos hacia ti directamente.

Y este servicio de mensajería instantánea a través del móvil no se limita solamente a mensajes uno a uno, si no que también permite la creación de grupos de usuarios unidos por algún interés común. Me sorprende que esto aún no haya sido aprovechado por grandes multinacionales, empresas y particulares, y más cuando los términos de uso del servicio no lo impiden.

En principio, parece que Whatsapp debe ser igual que Twitter, un mensajero instantáneo, y que con seguir los perfiles que más nos interesen en el servicio del pajarito azul, ya nos es suficiente para estar al día de lo que necesitamos saber. Pero estamos en una conversación global, en la que van pasando los hilos de una forma bastante despersonalizada. Cuando queremos, los seguimos, y cuando no, los dejamos.

El problema de Whatsapp como herramienta de marketing es que, si se forma un grupo en el que se pueden generar conversaciones a base de preguntas, respuestas y réplicas, acabará convirtiéndose en un nuevo Twitter y, por lo tanto, perderá aquella inmediatez y frescura que lo caracteriza.

No obstante, y más allá del marketing, imaginemos un sistema de alertas de incidencias de tráfico vía Whatsapp. Si algo llevamos siempre encima es nuestro smartphone, y siempre le haremos más caso a un mensaje que nos llega por una vía que no está constantemente emitiendo, al contrario que en el caso de Twitter.

Las facilidades que ofrece Whatsapp para su uso actualmente como herramienta de marketing y publicidad son escasas, pero sin duda su atractivo debería hacer suplir con imaginación la escasez para aquellos que estén interesados en su uso. A fin de cuentas, quien más quien menos, dispone de un smartphone al que no le da uso, al que pueda restringir las llamadas entrantes o tenerlo exclusivamente conectado por Wi-Fi, con su Whatsapp registrado para enviar mensajes y recibir réplicas, ya sean privadas o en grupos de discusión.